CoctelTaller

Hernán Salgado

Redacción de CoctelTaller

Sobre el autor

Trabajo como rep de distribuidora de bebidas en Guayaquil. De lunes a viernes recorro Ceibos y Urdesa. Hay una ventaja práctica en ese trabajo que tardé un tiempo en valorar: acceso barato a hielo en bolsa y a botellas con etiquetas vencidas que sirven igual para practicar técnica sin gastar material de primera línea.

La primera vez que estuve detrás de una barra fue en mayo de 2019. Boda de un compañero de trabajo, bartender contratado con rueda pinchada en el peaje del Daule, dos horas antes de la entrada de los novios. Alguien tuvo que improvisar. Cuando un cliente me pregunta cómo empecé, digo que fue así, sin historia más larga que esa.

Desde entonces pagué dos cursos online. El primero lo dejé en el tercer módulo: repetía cosas que cualquiera encuentra gratis y no explicaba nada que no fuera evidente desde el día uno detrás de una barra. El segundo lo terminé al tercer intento, en 2024, cuando ya llevaba más de veinte montajes encima y los ejemplos del instructor empezaron a tener referencia concreta en lo que hacía los sábados.

Los sábados, el garaje de casa en zona norte de los Ceibos se convierte en barra montada: tablero de madera prensada sobre caballetes, tiras LED naranjas colgadas con extensión, portón metálico corredizo abierto para que corra el aire. Dos fines de semana al mes, a veces tres si hay fecha del mismo grupo. Jhenny Palacios, organizadora de eventos en Urdesa, me pasa tres o cuatro fechas por año; ella coordinó el primer montaje con cobro real, el cumpleaños de cuarenta de un amigo en 2021. Patricio Naranjo, contador independiente y amigo desde la universidad, revisa los números antes de cualquier gasto de equipo y siempre pide probar la primera versión de cada receta nueva antes de opinar.

Llevo siete años montando barras sin título de ninguna institución de bartending de por medio. Cuando alguien pregunta qué soy, digo que soy "el que arma la barra": la descripción más honesta que encontré.

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Divulgación

Reviso solo lo que pagué con mi propia tarjeta o cuya cuenta abrí yo mismo. Ningún instructor me regaló acceso a cambio de una reseña buena, y si algún curso quedó a medias, lo digo con nombre completo y con el número de módulo exacto donde cerré la pestaña. Cuando alguien hace clic desde acá y termina matriculándose, la plataforma me da una parte del precio. Lo que paga el comprador es lo mismo que pagaría entrando directo, sin pasar por este sitio.