CoctelTaller

Tipos de coladores de coctelería para filtrar bebidas como un profesional

Tipos de coladores de coctelería para filtrar bebidas como un profesional: colador Hawthorne y colador Julep listos en la barra

Paso el trapo doblado por el jigger de acero que todavía gotea y dejo la libreta abierta en la hoja que amaneció con un cerco de agua encima de la caja de botellas de esta semana. Un cliente se quedó mirando la fila de coladores de coctelería colgados junto al portón que se corre sobre rieles y preguntó por qué necesito tres si, según él, todos sirven para lo mismo. La respuesta corta es que no: cada herramienta de bar de esa fila tiene un trabajo distinto, y confundir una con otra es la forma más rápida de arruinar un trago que hasta ese momento venía bien hecho. Eso, antes que cualquier receta de coctelería clásica, es lo primero que hay que entender sobre técnicas de filtrado.

El colador no es un accesorio cualquiera de la barra

La primera vez que tuve que pararme detrás de una barra fue por un percance ajeno: al bartender contratado para la boda de un compañero se le pinchó una llanta en el peaje del Daule, vía a la Costa, y alguien tuvo que improvisar antes de que llegaran los novios. Ese alguien fui yo, sin ninguna práctica previa, usando el primer colador que encontré en la cocina del salón, uno de esos de jugo de naranja con hueco ancho. El resultado fue un Daiquiri lleno de astillas de hielo que se derretían apenas tocaban el vaso y diluían el trago en segundos. De ahí sale la primera corrección a la creencia del cliente: un colador no está para parar la fruta nada más, está para decidir qué tan frío y qué tan espeso llega el trago a la boca de la persona que lo pide.

Primer plano de un colador Hawthorne, una de las herramientas de bar clave, mostrando el resorte metálico de alta densidad.

¿Hawthorne o Julep? La herramienta cambia según cómo prepares el trago

El Hawthorne es el que la mayoría reconoce por el resorte metálico enroscado alrededor del borde, le dicen 'oruga' por esa misma espiral. Encaja en la boca de la coctelera y se ajusta con el pulgar mientras se sirve, dejando pasar el líquido pero no el hielo grueso. El Julep es distinto: parece una cuchara honda llena de huecos, sin resorte, pensada para vasos de mezcla donde el trago solo se revuelve, su diámetro ronda los 7.5 centímetros, justo lo que necesita un vaso de vidrio pesado para que encaje sin bailar. Confundir uno con el otro no es solo una cuestión de estilo: meter el Hawthorne en un vaso de mezcla deja un reguero porque el resorte no reparte el líquido parejo, y meter el Julep en la coctelera deja pasar más hielo picado del que cualquier trago necesita.

Antes de meterme con el colador correcto, tuve que aprender a medir. Durante un tiempo copié recetas que encontraba en Instagram sin entender por qué esa proporción funcionaba en el video y no en mi garaje; el resultado eran tragos desbalanceados que ningún colador arregla, por más fino que sea el filtrado. La proporción se decide con el jigger, no con el colador; eso lo dejo más desarrollado en la guía de medidores de coctelería, pero conviene tenerlo presente aquí porque un colador perfecto no salva un trago mal medido.

Ese cruce entre lo que se agita en la coctelera y lo que se revuelve en el vaso de mezcla da para un tema aparte; aquí lo dejo solo como la razón práctica de por qué existen dos coladores distintos y no uno solo que sirva para todo.

El doble colado: la técnica de filtrado que sí marca diferencia

En la ruta de reparto paro seguido en los mismos locales de Urdesa, y ahí fue donde vi por primera vez a Beto Ordóñez, colega de ruta que reparte para una distribuidora de la competencia, hacer algo que antes me parecía un paso de más: sostener un colador de malla fina justo debajo del Hawthorne mientras servía. Es el doble colado. El Hawthorne detiene el hielo grande y la fruta partida; la malla fina, más chica que las de cocina normales, atrapa lo que se escapa por el resorte, semillas diminutas, hojas rotas de menta, esquirlas de hielo que el ojo no alcanza a ver. Lo probé en mi garaje con hierbabuena y la diferencia se nota de inmediato: sin la malla, un cliente puede terminar con un pedazo de hoja negra flotando en el trago, y eso amarga el final del sorbo más de lo que cualquiera esperaría de algo tan chiquito.

Colador Julep de 7.5 centímetros, colador de coctelería clásico, encajado en un vaso de mezcla profesional.

Ahora bien, acá está el error que veo repetirse más: pensar que mientras más colado, más profesional el trago. No es así. Colar de más mata la espuma y la textura que hacen que un trago con clara de huevo o con jugo de piña se sienta cremoso en la boca; pasar esa mezcla por una malla demasiado cerrada revienta las burbujas que le dan cuerpo y deja algo que parece agua con sabor. La regla que uso en mi barra es simple: la malla fina entra solo cuando hay sólidos que de verdad estorban, pulpa, trozos de canela, semillas grandes, y se queda guardada cuando el trago lleva espuma que vale la pena conservar. Un trago colado en exceso se ve limpio en la foto y se siente vacío en la lengua; ese es el cambio que hay que aprender a notar antes de decidir cuánto filtrar.

Técnica de doble colado, una de las técnicas de filtrado esenciales, usando un colador Hawthorne y uno de malla fina.

Armar el mise en place antes de pensar en colar

Ningún colador rinde si el resto del mise en place no está listo antes de que llegue el primer pedido, hielo separado por tamaño, jigger limpio, trapo a la mano. Ya escribí sobre los utensilios de bar imprescindibles para armar barras en eventos con más detalle, porque de nada sirve el mejor colador si no hay dónde apoyarlo ni con qué secarlo entre trago y trago.

Lo mismo pasa con la botellería base: si en la barra hay pocas botellas y ninguna cubre lo que la receta necesita, ni el colador más caro arregla un trago que nació mal armado.

¿Vale la pena pagar un curso para dominar esto?

Sobre si vale la pena pagar, la respuesta corta es: depende de qué tan perdido estás eligiendo entre tantas opciones parecidas. Pagué dos cursos. El primero lo dejé a la mitad porque el instructor hablaba como si estuviéramos en un laboratorio y yo lo que quería era servir rápido en el garaje; el segundo lo terminé hace poco y sí aclaró cosas que llevaba tiempo haciendo a medias, como el orden correcto para dejar todo listo antes de que lleguen los primeros clientes. Si tienes la disciplina, hay cursos de coctelería online recomendados para aprender desde casa que ahorran errores básicos de principiante.

Galo Benítez, un lector que me escribió por Instagram preguntando cuál curso de Hotmart le convenía, volvió a escribir dos veces más con dudas distintas y en ningún momento le respondí con evasivas, esa clase de pregunta, la de si el curso sirve para cobrar por la barra los fines de semana y no solo para aprender por gusto, es la que de verdad importa antes de sacar la tarjeta.

La pregunta real no es cuántos módulos tiene el curso, sino si lo que enseña ayuda a subir la tarifa que cobras por armar la barra un sábado; ahí es donde se nota si vale la pena el gasto.

El cliente del portón se quedó con esa respuesta y no volvió a preguntar por qué tengo tres coladores. La libreta sigue ahí, con la página que se secó arrugada por el cerco de agua de esa caja de botellas, y el jigger ya seco cuelga otra vez de su gancho junto al Hawthorne y al Julep, cada uno esperando el sábado que le toca.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.

Artículos relacionados